En el entorno empresarial actual, la ciberseguridad ha dejado de ser una disciplina exclusiva de los sistemas de datos tradicionales para convertirse en una prioridad estratégica que abarca también la seguridad física. Elementos como cámaras conectadas, sistemas de control de accesos, plataformas de gestión de vídeo, correos electrónicos y soluciones en la nube son hoy componentes esenciales de las redes corporativas y, como tales, deben protegerse con el mismo nivel de exigencia que cualquier otro sistema crítico.
Ángel Bahamontes, presidente de la Asociación Nacional de Tasadores y Peritos Judiciales Informáticos (ANTPJI), advierte sobre este cambio de paradigma: “Durante mucho tiempo, la ciberseguridad de los sistemas de seguridad física se ha tratado como una cuestión secundaria, cuando en realidad estos entornos forman parte de la superficie de ataque de cualquier organización”. Según Bahamontes, un empleado sin formación, un pendrive descuidado, una cámara, un servidor de vídeo o un sistema de control de accesos mal protegido pueden convertirse fácilmente en una vía de entrada para atacantes.
Ante esta realidad, la ANTPJI ha identificado siete medidas clave para reforzar de forma inmediata la protección de estos entornos:
- Gestión avanzada de contraseñas
El uso de credenciales débiles, compartidas o que no rotan periódicamente constituye uno de los riesgos principales en entornos conectados. Las organizaciones deben apostar por contraseñas robustas, generadas mediante métodos seguros y sometidas a actualizaciones regulares.
- Automatización de actualizaciones
Mantener los sistemas al día es fundamental para mitigar vulnerabilidades conocidas. Sin embargo, este proceso requiere coordinación, especialmente cuando en la infraestructura conviven productos de distintos fabricantes.
- Defensa por capas
Una estrategia eficaz integra cifrado, autorización, autenticación y un estricto control de privilegios. La ANTPJI recomienda implementar la autenticación multifactor y realizar revisiones periódicas de los permisos de acceso para garantizar que los datos y aplicaciones solo sean alcanzables por personal autorizado.
- Herramientas de mantenimiento integradas
La supervisión constante es vital para detectar problemas antes de que escalen a riesgos graves. El uso de soluciones o paneles de salud del sistema permite centralizar la identificación de dispositivos desconectados, vulnerabilidades y oportunidades de mejora.
- Privacidad y cumplimiento normativo
La protección de datos debe ser un eje central de la estrategia de ciberseguridad. En este ámbito, existen soluciones, como las ofrecidas por Genetec, que permiten anonimizar identidades en grabaciones de vídeo, ya sean en tiempo real o archivadas.
- Valor estratégico de los modelos cloud e híbridos
La complejidad de gestionar sistemas locales en sedes distribuidas se ha visto incrementada por los entornos de trabajo híbridos. La adopción de soluciones cloud o híbridas puede simplificar el mantenimiento, mejorar la redundancia de los datos y facilitar el acceso a funciones avanzadas de seguridad.
- Selección de proveedores comprometidos
La ciberseguridad es una responsabilidad compartida. La ANTPJI recomienda colaborar exclusivamente con fabricantes que prioricen la protección de datos desde el diseño, activen funcionalidades seguras por defecto, comuniquen vulnerabilidades de forma transparente y proporcionen guías para el endurecimiento del sistema.
Hacia una resiliencia continua
La ciberseguridad en los sistemas de seguridad física ya no puede entenderse como una actuación aislada, sino como una responsabilidad continua en el marco de las redes corporativas. Según Ángel Bahamontes, es fundamental “aplicar políticas de ciberseguridad consistentes y apoyarse en soluciones diseñadas desde el principio con criterios de seguridad y privacidad”.
La combinación de estas siete medidas permite a las organizaciones reducir su exposición al riesgo, avanzando hacia entornos de seguridad física más resilientes y mejor preparados para afrontar amenazas cada vez más sofisticadas.

