Durante años, cuando se investigaba un accidente de tráfico, las preguntas eran bastante conocidas: qué ocurrió, como sucedió, quién conducía, qué daños había o si existían testigos.
Pero los coches están cambiando. Y con ellos, también empiezan a cambiar las preguntas.
Porque un vehículo actual ya no es solo una máquina mecánica. Es también un sistema que registra información continuamente: funcionamiento, incidencias, ayudas a la conducción, estados internos, eventos y, en algunos casos, datos que podrían ayudar a entender qué ocurrió antes de un accidente.
Hace unos meses escribía sobre el posible valor que esos registros podrían tener en investigaciones o reconstrucciones técnicas. Y desde entonces he seguido dándole vueltas a una cuestión que me parece cada vez más interesante:
No tanto si el vehículo genera datos.
Sino algo más incómodo:
¿Quién controla realmente esa información?
¿Quién puede acceder?
¿Quién decide cuánto tiempo se conserva?
¿Quién responde cuando interviene el software?
¿Y cuándo esos datos podrían acabar teniendo valor probatorio?
Son preguntas que hace unos años apenas existían y que probablemente iremos viendo con más frecuencia.
Comprar un vehículo no significa controlar todos los datos que genera
Cuando alguien compra un coche suele asumir algo lógico:
es suyo.
Pero ser propietario del vehículo no implica necesariamente controlar toda la información que ese vehículo produce.
Porque alrededor de un coche conectado pueden intervenir muchos actores:
- fabricantes
- servicios cloud
- aseguradoras
- talleres autorizados
- aplicaciones vinculadas
- plataformas conectadas
- proveedores tecnológicos
Y ahí aparece una diferencia importante:
puedes ser propietario del vehículo y, aun así, no tener acceso a determinados registros que genera.
Quizá hoy esto pase desapercibido.
Pero dentro de unos años puede convertirse en una cuestión mucho más relevante.
Cuando interviene el software, la responsabilidad deja de ser tan sencilla
Los sistemas ADAS ya forman parte del día a día:
frenado automático, mantenimiento de carril, asistentes de conducción, control adaptativo de velocidad…
Tecnologías que buscan aumentar la seguridad.
Pero cuando uno de estos sistemas interviene antes o durante un accidente, aparecen preguntas nuevas:
¿La responsabilidad sigue siendo únicamente del conductor?
¿Puede influir una actualización pendiente?
¿Importa saber si una función estaba activada o desactivada?
¿Puede un fallo alterar el comportamiento esperado?
Quizá la respuesta ya no dependa solo del testimonio de las personas implicadas.
Puede depender también de los registros que el vehículo haya conservado.
El vehículo empieza a convertirse en una fuente de información relevante
Un automóvil moderno puede almacenar datos relacionados con:
- velocidad
- frenadas
- activación de sistemas de seguridad
- eventos previos al impacto
- ubicación
- estados operativos
- comunicaciones entre módulos electrónicos
Por eso quizá dentro de unos años una investigación no se limite a preguntar:
“¿Hay testigos?”
Sino también:
“¿Qué información conserva el vehículo?”
Porque determinados registros podrían ayudar a reconstruir hechos o aportar contexto técnico.
Tener datos no significa tener una prueba válida
Aquí hay otra idea importante.
A veces se asume que disponer de datos equivale automáticamente a tener una prueba.
Y no funciona así.
La utilidad real puede depender de muchas cosas:
- cómo se obtuvieron
- si se preservaron correctamente
- si existe trazabilidad
- si hay cadena de custodia
- cómo se interpretan técnicamente
La evidencia digital rara vez depende solo del dato.
También depende del proceso.
Después del accidente puede surgir otra cuestión: qué ocurre con los registros
Hay algo sobre lo que apenas se habla.
Después de un siniestro suelen intervenir talleres, aseguradoras, grúas, servicios técnicos o reparaciones.
Entonces aparece otra pregunta:
¿Puede perderse, sobrescribirse o alterarse información relevante tras esas actuaciones?
Porque quizá la gestión posterior termine siendo casi tan importante como el propio accidente.
Una nueva especialidad técnica empieza a aparecer
Todo esto apunta hacia una necesidad creciente de perfiles capaces de combinar:
✓ tecnología
✓ automoción
✓ análisis forense
✓ evidencia digital
✓ normativa
✓ procedimientos judiciales
Porque entender determinados accidentes quizá implique también interpretar registros electrónicos.
La sensación es que esto no parece algo lejano.
Más bien da la impresión de que estamos empezando.
Y la pregunta quizá ya no sea si llegará.
Sino otra:
¿Está preparado el ecosistema legal, asegurador y pericial para trabajar con evidencia digital procedente de vehículos conectados?
El automóvil está cambiando.
Y puede que dentro de unos años, además de preguntar qué ocurrió, también necesitemos preguntar:
¿Qué datos podían demostrarlo.
Perito Judicial Informático ANTPJI· Investigación y análisis sobre evidencia digital, tecnología y vehículos conectados.
Socio en Tu Perito Digital

