miércoles, marzo 25, 2026
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Las nuevas reglas del peritaje informático. Y por qué la mayoría de los peritos van a quedar obsoletos.

Angel Bahamontes
Angel Bahamonteshttps://antpji.org/
Presidente de la Asociación Nacional de Tasadores y Peritos Judiciales Informáticos
Las opiniones expresadas en esta publicación son responsabilidad exclusiva de quien lo firma y no reflejan necesariamente la postura de TecFuturo. Asimismo, Tec Futuro no se hace responsable del contenido de las imágenes o materiales gráficos aportados por los autores.
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Llevo 15 años en esto. He visto cómo el sector ha madurado, cómo ha profesionalizado y cómo ha generado sus propias zonas de confort peligrosas.

Hoy quiero compartir un análisis honesto de dónde estamos — y dónde deberíamos estar.

El campo está en disputa. Y eso es bueno para quien esté preparado.

Hay debates abiertos que ninguna formación oficial te enseña a navegar:

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¿Puede un informe basado en IA ser admitido como prueba? Las redes neuronales ya hacen triaje automático de evidencias en casos de fraude masivo o material ilícito. El problema: si el algoritmo es una «caja negra», ¿cumple los criterios de transparencia exigidos por la jurisprudencia española? No hay consenso. Y en sala, la duda beneficia al que la genera.

¿Cellebrite o herramienta de código abierto? La discusión sobre el «estándar de oro» sigue abierta. La validación del código fuente de las herramientas comerciales es opaca. Y un buen abogado lo sabe.

Estas no son cuestiones teóricas. Son preguntas que ya están llegando a los juzgados.

Los cinco frentes donde el peritaje no tiene respuesta todavía

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Estos son los vacíos reales del sector — y también las mayores oportunidades para quien los resuelva primero:

  1. La nube sin fronteras. Cuando los datos saltan dinámicamente entre AWS, Azure y Google, cruzando jurisdicciones legales en milisegundos, ¿cómo garantizas la cadena de custodia? No hay metodología validada. Quien la desarrolle, define el estándar.
  2. Auditar el algoritmo que tomó la decisión. Los sistemas de IA ya toman decisiones laborales y legales. Nadie sabe cómo peritar sus sesgos. Ese vacío tiene consecuencias judiciales reales — ahora mismo.
  3. El hardware se adelantó a la ciencia forense. Los enclaves seguros de Apple y Android impiden el volcado físico. La investigación va por detrás del chip. Hay categorías enteras de dispositivos para los que no existe método validado.
  4. El IoT como escena del crimen. ¿Cómo peritas una nevera inteligente? ¿Un marcapasos? ¿Un vehículo conectado? La informática forense todavía no ha respondido esta pregunta de forma rigurosa.
  5. El perito como variable contaminante. Poca literatura habla del sesgo cognitivo del perito informático. Pero existe — y afecta a la objetividad de la prueba técnica más de lo que la profesión quiere admitir.

El siguiente desastre ya está circulando por nuestras calles — y el Código Penal no sabe quién tiene la culpa

Hace diez años nadie pensaba que íbamos a necesitar jurisprudencia sobre monopatines eléctricos. Hoy los juzgados están saturados de casos que la ley no contemplaba. Lo mismo está a punto de ocurrir — pero a una escala incomparablemente mayor — con los vehículos autónomos y la robótica de uso civil. Un coche que decide frenar o no frenar en una fracción de segundo, un robot logístico que aplasta a un operario en un almacén, un dron de reparto que cae sobre un viandante: ¿quién responde penalmente? ¿El fabricante del algoritmo? ¿El propietario del vehículo? ¿La empresa que lo desplegó? ¿El ingeniero que entrenó el modelo? El artículo 382 del Código Penal habla de conductores y vehículos de motor en términos que presuponen un ser humano al volante. No hay tipo penal específico para la negligencia algorítmica, no existe jurisprudencia consolidada sobre la responsabilidad del sistema autónomo y no tenemos peritos formados para reconstruir la «decisión» que tomó un modelo de IA en los 200 milisegundos previos al impacto. El perito informático del futuro no va a analizar solo teléfonos y correos electrónicos — va a tener que reconstruir la cadena de decisiones de una red neuronal embebida en un vehículo de dos toneladas, explicársela a un juez y determinar si esa decisión constituyó imprudencia grave. Nadie está formado para eso todavía. Nadie tiene el protocolo. Y los accidentes, inevitablemente, ya están llegando.

Lo que el abogado realmente compra cuando contrata una pericial

He analizado el comportamiento de compra de los letrados con detenimiento. Y la conclusión es clara:

El abogado no busca un perito. Busca un escudo procesal.

A diferencia de cualquier producto de consumo, una pericial se decide en foros especializados, en grupos de WhatsApp de colegas, en los pasillos de los colegios de abogados. Se compra por reputación en sala.

Los cinco factores que cierran la contratación, por orden de peso:

Pedagogía jurídica. La habilidad de explicar un hash o un metadato de forma que un juez de 60 años lo entienda sin esfuerzo. No es un detalle estético. Es la competencia central del perito judicial.

Aguante en el interrogatorio. En los foros se habla de peritos que «se sostienen» bajo el cruce con el letrado contrario. Esa reputación vale más que cualquier certificación.

Credenciales formales. Ante la incertidumbre, el abogado busca señales de confianza rápidas. Pertenecer a ANTPJI, tener una certificación Cellebrite o haber declarado ante el Tribunal Supremo actúa como disparador inmediato.

Disponibilidad real. El abogado llega al perito con el plazo procesal a punto de vencer. La respuesta en 24 horas para una valoración de viabilidad no es un valor añadido — es el mínimo exigible.

Cadena de custodia blindada. La obsesión del letrado es que la prueba no sea impugnada por defecto de forma. El perito que demuestra que su metodología es inatacable, cierra.

Los tres miedos que bloquean la contratación

El «humo técnico». El letrado tiene radar para detectar a quien usa jerga para ocultar falta de experiencia real. La promesa imposible —»puedo recuperar ese WhatsApp borrado hace cinco años sin copia de seguridad»— genera desconfianza inmediata y permanente.

El presupuesto sin fondo. Muchos abogados han vivido peritajes que empezaron en una cifra y terminaron en otra. El presupuesto cerrado, con asistencia a juicio incluida, elimina este freno de golpe.

El genio que no sabe presentar la prueba. El peor escenario para un letrado: un informe técnicamente impecable que el juzgado inadmite porque el perito no sabía cómo presentarlo procesalmente. Ese error anula meses de trabajo.

La conclusión incómoda

El sector tiene profesionales extraordinarios. Tiene también una zona de confort peligrosa: seguir haciendo lo mismo que hace diez años, con las mismas herramientas, en un entorno que ha cambiado radicalmente.

La IA forense, el IoT, el blockchain, los deepfakes y la nube multi-jurisdiccional no son el futuro del peritaje informático.

Son el presente. Y muchos peritos todavía no han llegado.

El que llegue primero con metodología, certificación y capacidad pedagógica — ese define las reglas para los próximos diez años.

¿Coincides? ¿Dónde crees que está el mayor vacío? Me interesa el debate.

Ángel Bahamontes Gómez — Presidente ANTPJI · Perito Informático Judicial N.º 2009101 presidente@antpji.com · www.antpji.com

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