En el Teatro de la Comedia, donde el Siglo de Oro suele representarse con reverencia casi museística, irrumpe “La vengadora de las mujeres” como una pieza incómoda, vibrante y sorprendentemente contemporánea. No porque traicione a Lope de Vega, sino porque lo revela.
Y eso, en escena, siempre es más interesante que repetirlo.
Un Lope incómodo (y por eso necesario)
La elección de esta comedia —poco transitada dentro del repertorio lopesco— no es casual. Bajo la dirección de Carlos Martín, la obra se presenta como una anomalía dentro de su tiempo: una protoficción feminista en pleno siglo XVII.
Laura, interpretada con convicción y presencia, no es solo protagonista: es discurso. Su objetivo —fundar una escuela para reivindicar la capacidad intelectual y física de la mujer— resuena hoy con una claridad casi incómoda. No estamos ante una lectura moderna forzada; estamos ante un texto que ya contenía la grieta.
La puesta en escena no disimula esta tensión: la amplifica.
Esgrima, máscara y metáfora
Uno de los hallazgos más potentes de la función es el uso simbólico de la esgrima. La máscara no solo oculta identidad, sino que desnuda el prejuicio. Cuando Laura vence en el torneo, no solo gana un combate: desmonta un sistema.
La inspiración en figuras como Teresa Castellanos Mesa (trasladando la acción a un siglo XIX incipiente) no es un capricho estético, sino una decisión dramatúrgica inteligente: acerca el conflicto sin domesticarlo.
Aquí el cuerpo también argumenta.
Entre verso y ruptura
La dramaturgia de Alfonso Plou y María López Insausti logra un equilibrio delicado: respeta el verso sin convertirlo en reliquia. Hay ritmo, hay intención y, sobre todo, hay comprensión del material.
El reparto —Gabriel Moreno, José Vicente Moirón, Secun de la Rosa, Lorena Berdún, Itziar Miranda, entre otros— sostiene el texto con solvencia, pero es en los momentos corales donde la obra respira con mayor libertad. La comedia, lejos de suavizar el mensaje, lo filtra con ironía.
Y ahí Lope vuelve a ser peligroso.
Lo verdaderamente subversivo
En un contexto marcado por la Contrarreforma, introducir una trama de amor homosexual no es solo audaz: es radical. Y lo más interesante es que no se presenta como escándalo, sino como posibilidad.
Ese gesto —casi invisible en su forma, pero contundente en su fondo— convierte la obra en algo más que una reivindicación femenina: la transforma en un ensayo escénico sobre otras formas de convivencia.
Escenografía y lenguaje visual
El trabajo escenográfico de Óscar Sanmartín y Carlos Martín apuesta por una estética limpia, funcional, que permite al texto y al gesto ocupar el centro. La iluminación de Felipe Ramos y la música de David Angulo acompañan sin invadir, construyendo una atmósfera que oscila entre lo clásico y lo contemporáneo.
No hay exceso. Y eso, hoy, es casi revolucionario.
Lope no era clásico, era adelantado“La vengadora de las mujeres” no es solo una recuperación patrimonial. Es una relectura política, estética y cultural de un autor que, lejos de ser un fósil literario, sigue generando preguntas incómodas.
La obra termina, como mandan los cánones, con el triunfo del amor. Pero el espectador atento sabe que lo verdaderamente importante ha ocurrido antes:
la duda ya ha sido sembrada. Y eso, en teatro, es lo único que importa.
📍 “La vengadora de las mujeres”
📅 Del 14 al 31 de mayo
📌 Teatro de la Comedia
🎟️ Entradas disponibles en la web oficial


