lunes, enero 12, 2026
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España mira desde el espacio

Angel Bahamontes
Angel Bahamonteshttps://antpji.org/
Presidente de la Asociación Nacional de Tasadores y Peritos Judiciales Informáticos
Las opiniones expresadas en esta publicación son responsabilidad exclusiva de quien lo firma y no reflejan necesariamente la postura de TecFuturo. Asimismo, Tec Futuro no se hace responsable del contenido de las imágenes o materiales gráficos aportados por los autores.
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Hubo un tiempo en que los secretos de Estado se escondían tras puertas blindadas, pasillos sin ventanas y documentos marcados como “confidencial”. Hoy, en plena era digital, basta una fotografía subida a una red social para que el velo se deslice. No por una filtración clásica, no por un hackeo, sino por algo mucho más inquietante: la normalización del poder tecnológico.

Eso es exactamente lo que ocurrió tras la visita de la ministra de Defensa, Margarita Robles, al cuartel general del Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (CIFAS). Una jornada institucional, una galería de imágenes aparentemente inocua y, de pronto, una pregunta que lo cambia todo:
¿qué hacía un mapa detallado de Caracas, y en concreto del complejo militar de Fuerte Tiuna, en una pantalla del espionaje militar español?

No hablamos de una conjetura viral sin base. Hablamos de imágenes oficiales difundidas por el propio Ministerio de Defensa, analizadas con lupa por expertos militares y ciudadanos con formación técnica suficiente para reconocer lo que estaban viendo. Y lo que vieron no era una captura de Google Maps abierta por curiosidad. Era algo más serio. Mucho más,
no se puede entender que se permita meter cámaras en el CIFAS y sacar imágenes en los medios de comunicación, en cualquier otra nación sería inconcebible. Ni a los propios militares les dejan entrar ahí sin causa justificada y por supuesto sin ningún aparato de comunicación, grabación o reproducción.

Cuando una imagen institucional se convierte en una revelación

Las fotografías muestran a la ministra acompañada por altos mandos del CIFAS. Uniformes impecables, despachos sobrios, pantallas encendidas. En una de ellas, claramente visible, aparece un mapa detallado de una zona estratégica de Venezuela: Fuerte Tiuna, el corazón militar del chavismo.

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Ese complejo no es un lugar cualquiera. Es la sede de la comandancia del Ejército venezolano y el enclave donde residía —al menos hasta hace poco— Delcy Rodríguez, en una instalación con búnker conocida como La Viñeta. También es el escenario donde Estados Unidos capturó recientemente a Nicolás Maduro, en una operación que sacudió el tablero geopolítico latinoamericano.

La pregunta era inevitable: ¿qué interés tiene España en analizar, con herramientas avanzadas, uno de los epicentros de una operación militar estadounidense?

Las fuentes militares coinciden en algo fundamental: lo que aparece en la pantalla no es un servicio de mapas comercial. Es ArcGIS Pro, un software profesional de análisis geoespacial desarrollado por ESRI y utilizado por ejércitos, agencias de inteligencia y gobiernos de todo el mundo.

España dispone de licencias de este software integradas en sus sistemas de defensa. Y lo más relevante: ArcGIS Pro no solo trabaja con cartografía abierta. También puede procesar imágenes obtenidas por satélites propios.

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Aquí entra en juego una pieza clave del rompecabezas.

El satélite PAZ y el ojo español en órbita

España no es ajena a la observación militar desde el espacio. Desde 2018 opera el satélite PAZ, una plataforma de radar de apertura sintética capaz de obtener imágenes de alta resolución en cualquier condición meteorológica, de día o de noche.

El satélite PAZ permite observar movimientos de tropas, cambios en infraestructuras críticas, daños tras bombardeos y alteraciones en instalaciones militares. Todo sin necesidad de sobrevolar el territorio observado. Todo sin pedir permiso.

Que una imagen de Fuerte Tiuna aparezca en una pantalla del CIFAS abre dos escenarios posibles:

  1. Que el servicio de inteligencia militar español esté analizando imágenes recientes obtenidas por PAZ.
  2. Que todo sea un “atrezo” cuidadosamente preparado para la visita institucional.

Ambas opciones son inquietantes. La primera por lo que implica. La segunda por lo que sugiere.

Hay quien sostiene que no se trata de un descuido, sino de una puesta en escena controlada. Que los mapas visibles, como otro que parece corresponder al frente ruso en Ucrania, estaban ahí deliberadamente. No para informar, sino para comunicar poder. En inteligencia, mostrar también es una forma de hablar.

Un despacho no se fotografía al azar. Una pantalla no se deja encendida sin supervisión. Menos aún en un centro de inteligencia militar. Todo se decide. Todo se calcula. Todo se mide.

Si fue un error, es grave. Si no lo fue, el mensaje es aún más potente.

La historia reciente demuestra que los “errores” institucionales revelan más de lo que se pretende. En marzo de 2025, la Armada española dejó al descubierto en un pliego técnico unos planos de la base de Rota donde aparecían dos buques con silueta de portaaeronaves… que oficialmente no existen.

Buques similares al Juan Carlos I, la joya de la flota española. El documento fue retirado. Pero ya era tarde.

Poco después, en una conferencia internacional, un alto mando naval mostró una diapositiva con un cronograma de construcción de nuevos portaaeronaves entre 2028 y 2037. El plan Armada 2050 había sido declarado secreto, pero las imágenes hablaron solas.

La tecnología no miente. A veces, quienes la muestran sí se confían.

Inteligencia sin fronteras en un mundo interconectado

España forma parte de la OTAN. Comparte información, capacidades y análisis con sus aliados. Pero no siempre recibe información de la misma forma.

La operación estadounidense en Caracas no fue comunicada oficialmente a todos los socios. Sin embargo, el análisis posterior del terreno —daños, impactos, consecuencias— es una práctica habitual de inteligencia. No para intervenir, sino para comprender.

Comprender es poder.

Y hoy ese poder se ejerce con satélites, software geoespacial, inteligencia artificial y analistas que convierten píxeles en decisiones estratégicas.

¿Qué significa esto para el ciudadano?

Aquí es donde la historia deja de ser un relato de despachos lejanos y entra en nuestra vida cotidiana.

La misma tecnología que permite analizar un búnker en Caracas permite:

– vigilar infraestructuras críticas
– monitorizar movimientos de población
– anticipar crisis energéticas
– evaluar escenarios de conflicto
– proteger… o controlar

La diferencia entre protección y control es sutil. Y peligrosa.

Cuando los Estados desarrollan capacidades de observación tan avanzadas, la pregunta ya no es si pueden ver, sino cuándo deciden hacerlo y con qué límites.

Vivimos en una época donde el poder ya no necesita mostrarse con desfiles ni declaraciones grandilocuentes. Basta una imagen borrosa en una pantalla oficial para recordar que los Estados miran. Observan. Analizan.

No para intimidar al ciudadano medio, sino para garantizar su posición en un mundo inestable. Pero la historia nos enseña que toda herramienta poderosa acaba ampliando su uso.

Hoy es Fuerte Tiuna. Mañana puede ser cualquier otro punto del planeta.
Pasado mañana, cualquier otro dato.

Tal vez dentro de unos años recordemos esta fotografía como una anécdota. O tal vez como el primer momento en que el gran público entendió hasta qué punto España —y otros países— juegan en la liga de la inteligencia espacial avanzada.

Un satélite que observa.
Un software que analiza.
Un Estado que calla.

Y una ciudadanía que empieza a hacer las preguntas correctas.

Porque en la era de la innovación, el verdadero poder no es la tecnología que posees, sino quién controla la narrativa cuando esa tecnología se deja ver.

Y esta vez, fue una imagen la que habló.

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