Madrid ya no solo mira de tú a tú a Broadway o al West End; en noches como la de ayer, se permite el lujo de adelantarlos por la derecha a una velocidad vertiginosa. El Teatro se tiñó de esmeralda para celebrar un hito: la función número 100 de «Wicked», la superproducción que ha encontrado en la dirección de David Serrano no solo una adaptación, sino una elevación del mito de Oz.
Mucho antes de que Dorothy y sus chapines de rubí pisaran el camino de baldosas amarillas, existió una historia de alteridad, de poder y, sobre todo, de una amistad tan improbable como necesaria. «Wicked» no es solo un musical; es un tratado sobre cómo la sociedad construye a sus monstruos y a sus santos.
Elphaba y Glinda: El Dúo que Desafía la Gravedad
El alma de esta producción reside en la química eléctrica de sus protagonistas. Cristina Picos (Elphaba) y Cristina Llorente (Glinda) no solo interpretan, sino que encarnan la dualidad humana. Picos nos regala una Elphaba cuya piel verde es solo el preludio de una vulnerabilidad herida; su potencia vocal es un estallido que parece desgarrar el aire, especialmente en ese clímax del primer acto que nos dejó a todos sin aliento. A su lado, Llorente es la Glinda perfecta: ambiciosa, popular y dotada de un timing cómico exquisito que evoluciona hacia una madurez dolorosa. Juntas, sus voces no solo armonizan; colisionan para crear algo nuevo.
A menudo, en el teatro musical, las voces masculinas corren el riesgo de ser fagocitadas por el torrente de las divas. Sin embargo, Xavier Nogales rompe esta inercia. Su príncipe Fiyero es un auténtico soplo de aire fresco; Nogales posee esa cualidad esquiva de brillar con luz propia sin opacar a sus compañeras, aportando una presencia escénica hipnótica que equilibra la balanza emocional de la trama.
Un Elenco que Late al Unísono
El Mago de Javier Ibarz y la Madame Morrible de Guadalupe Lancho son los arquitectos de la tormenta. Mueven los hilos con una maestría que hiela la sangre, recordándonos que el verdadero mal rara vez es obvio. Por otro lado, la fragilidad de Lydia Fairén (NessaRose) y el anhelo contenido de Neizan Martin (Boq) nos devuelven a la tierra, recordándonos que en las grandes epopeyas, siempre hay corazones rotos en los márgenes.
Mención especial merece el Dr. Dillamond de Esteban Oliver, cuya interpretación resuena con una humanidad desgarradora en tiempos donde la diferencia vuelve a ser señalada. Pero es el elenco, ese cuerpo colectivo de alumnos, ciudadanos de Oz y monos voladores, quien se consagra como el latido esencial de la obra. Su precisión es tal que, por momentos, la marea humana parece moverse bajo el dictado de un solo corazón. Es MAGIA, con mayúsculas.
La adaptación de David y Alejandro Serrano es un trabajo de orfebrería lingüística. Han logrado que el castellano mantenga la mordiente y la emoción del libreto original, algo que los más puristas agradecemos profundamente.
Visualmente, la obra es un prodigio. La escenografía y el vestuario cuidan hasta el más mínimo pormenor, creando un universo que oscila entre lo onírico y lo industrial. La iluminación merece una tesis aparte: tiene el don de captar lo invisible, haciendo luminosos los momentos de mayor desesperación y viceversa. Cuando el telón se levanta, el escenario se convierte en un lienzo vivo que se mueve al ritmo de las canciones, obligando al espectador a no saber hacia dónde mirar para no perderse ni un átomo de belleza.
Un Musical Imprescindible
En su función número 100, «Wicked» ha demostrado que no es un éxito pasajero, sino un clásico instantáneo de nuestra cartelera. Es una producción capaz de agitar el alma, de remover emociones y de dejarnos con el corazón en la boca. David Serrano ha logrado que Madrid vuele alto, muy alto.
Entras en el teatro esperando un cuento de hadas y sales con el espíritu removido. IMPRESCINDIBLE. Si aún no han sido hechizados por el verde esmeralda, corran. La gravedad, después de ver esto, ya no volverá a ser la misma para ustedes.
