miércoles, febrero 4, 2026
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Casinos Online. La banca siempre gana. El negocio que destruye vidas y el Estado no quiere tocar

Angel Bahamontes
Angel Bahamonteshttps://antpji.org/
Presidente de la Asociación Nacional de Tasadores y Peritos Judiciales Informáticos
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Cada día en España desaparece un poco más de una vida. No de forma brusca, no de forma visible. Se va poco a poco, en fragmentos pequeños que nadie observa hasta que ya no queda nada. Un sueldo mensual que se esfuma en una madrugada. Una familia que se rompe en silencio. Un joven que un día estaba hablando con sus amigos y al día siguiente ya no está. Los casinos online y las casas de apuestas son el escenario donde se desarrolla uno de los dramas más graves de la España actual, y es también el escenario donde el Estado, los intereses económicos y la falta de voluntad política se unen para que el problema siga creciendo sin control.

Este artículo no habla de entretenimiento. Habla de un negocio que mueve miles de millones, que destruye millones de vidas y que, a pesar de todo lo que se sabe, sigue siendo permitido, publicitado y, en muchos casos, fomentado.

Una industria que nunca pierde

Para entender la escala de lo que está pasando, necesitamos ver los números desde donde los ven los propios operadores.

La industria del juego online mueve cerca de 7.000 millones de euros al año en España, siendo las apuestas deportivas una de las principales fuentes de ingresos. El mercado no solo creció en 2022, sino que lo hizo de forma acelerada: hubo 1,59 millones de jugadores activos en España, lo que representa un crecimiento interanual del 8%, y el margen neto del juego alcanzó los 962 millones de euros, un incremento del 18%.

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Pero estos números solo tienen sentido si se entiende de dónde viene esa ganancia. Según la Organización Mundial de la Salud, los jugadores más empedernidos generan aproximadamente el 60% de los ingresos del sector. Es decir, la mayor parte del dinero que se mueve en esta industria proviene de las personas que ya están atrapadas. No es un negocio construido sobre el entretenimiento casual. Es un negocio construido, en gran parte, sobre la adicción.

Y la adicción crece. De acuerdo con datos de la Dirección General de Ordenación del Juego, el número de jugadores activos en línea en España aumentó un 21,7% interanual, rozando los dos millones de usuarios. La DGOJ estima que entre el 13% y el 14% de los clientes de plataformas online tienen riesgo de desarrollar adicción.

Los jóvenes: el nuevo mercado que nadie debería estar disputando

Si hay un dato que debería despertar a toda una sociedad, es este: el crecimiento de la ludopatía entre los jóvenes de 18 a 25 años ha alcanzado un récord del 12% en los últimos tres años. Los jugadores nuevos de entre 18 y 25 años aumentaron un 28% en 2024 respecto al año anterior.

No es un dato aislado. Es una tendencia que se repite en todos los indicadores disponibles. El organismo regulador detecta que más del 51,6% de los estudiantes entre 14 y 18 años no recibe información sobre los problemas del juego. En otras palabras, más de la mitad de los jóvenes españoles llegan a la edad en que pueden abrir una cuenta en una casa de apuestas sin haber recibido una sola clase sobre los riesgos que eso implica.

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Y el acceso es casi imposible de bloquear. Alrededor del 70% de los adictos prefieren los casinos online y las casas de apuestas, lo cual no sorprende, ya que el acceso a los juegos a través del smartphone se ha vuelto prácticamente ilimitado. Los menores solo necesitan usar el DNI de un adulto para registrarse, y ningún sistema verifica de forma real que la persona detrás de la pantalla sea quien dice ser.

La ubicación física de los locales no es casualidad tampoco. En Madrid, uno de cada cuatro institutos está a menos de 200 metros de una casa de apuestas deportiva. Las casas de apuestas se sitúan deliberadamente en barrios con alta tasa de paro juvenil y niveles adquisitivos medios o bajos, apuntando con precisión a los que tienen menos herramientas para resistir.

La máquina psicológica: por qué el sistema está diseñado para que no puedas parar

Los casinos online no son espacios neutrales donde el azar decide tu destino. Son entornos cuidadosamente diseñados para mantener al usuario enganchado el máximo tiempo posible.

Entre los principales factores que contribuyen al desarrollo de la ludopatía se encuentran el acceso 24/7 desde dispositivos móviles y las bonificaciones atractivas y recompensas inmediatas. Los límites mínimos para depósitos están intencionadamente bajos. Los bonos de bienvenida crean la ilusión de que el juego es casi gratuito al principio. Y la inmediatez de los resultados activa los mismos mecanismos cerebrales que funcionan en cualquier otra adicción.

La ludopatía digital no se percibe con la misma gravedad que otras adicciones, pero sus efectos psicológicos, económicos y familiares son igual de profundos. Así de fácil es que un problema que destruye a una persona entera pase desapercibido durante meses, hasta que ya no hay vuelta atrás.

Y la estadística lo confirma de manera brutal: la probabilidad de ser un jugador que pierde dinero es del 75%, y las pérdidas del total de jugadores superan en cuatro veces sus ganancias. No es una opinión. Es un dato que la propia regulación española obliga a mostrar en las plataformas. Pero cuánta gente lo lee antes de hacer su primer depósito es otra historia.

Suicidio, violencia y familias rotas: el coste humano que no aparece en las cifras

Los números económicos del sector son impresionantes. Los números humanos son devastadores. El juego patológico es la tercera causa de suicidio en el Estado español, donde el suicidio es la primera causa de muerte no natural. La tasa de suicidio entre los ludópatas es seis veces superior a la de la población general.

El suicidio relacionado con los trastornos del juego y las apuestas no es un fracaso individual. Es el resultado de una negligencia sistémica, un marketing depredador y unas medidas de protección insuficientes.

Las consecuencias no se limitan al jugador. La desesperación del ludópata puede afectar de tal forma al familiar que le puede provocar el suicidio en sus familiares o puede derivar en casos de violencia de género. El 70% de las mujeres que padecen este trastorno sufren violencia de género.

Y sin embargo, el trastorno del juego no está incluido en protocolos preventivos de suicidio como factor de riesgo. Un trastorno que mata, que rompe familias y que se extiende a una velocidad sin precedentes, no está siquiera en los protocolos que deberían detectarlo.

Durante años, los casinos online y las casas de apuestas invirtieron masivamente en publicidad sin que nadie les pusiera límites. En 2019 era imposible ver un partido de fútbol, o cualquier retransmisión en directo, que no incluyese publicidad de apuestas. De los 20 equipos de la Primera División, 19 tenían patrocinio de casas de apuestas deportivas.

El efecto fue inmediato: el juego se convirtió en algo normal, algo cotidiano, algo vinculado al entretenimiento deportivo que todos disfrutan. Ver un partido y apostar por un resultado quedó al mismo nivel que comprar una palomita de maíz en la fila del cine.

En 2020 el Gobierno aprobó un Real Decreto que restringió la publicidad audiovisual a la franja entre las 1 y las 5 de la madrugada y prohibió los patrocinios deportivos en equipaciones. Estas medidas llevaron a una disminución de 70 millones de euros en la inversión publicitaria en un solo año.

Sin embargo, la victoria fue parcial. El Tribunal Supremo anuló algunos aspectos de ese decreto, como la limitación de promociones a nuevos jugadores o los anuncios de influencers. Esto significa que las redes sociales, el medio por donde los jóvenes pasan más tiempo, quedaron abiertas de nuevo a la publicidad del juego sin restricciones reales.

El Estado y el dilema moral: ¿puede prohibir lo que da dinero?

Aquí llega la pregunta más incómoda de todas: ¿cuánto de este problema es consecuencia del modelo económico que el Estado mismo ha permitido e incentivado?

Las grandes casas de apuestas y casinos en España ejercen regularmente presión sobre las autoridades, presionando para suavizar la legislación y retrasar la introducción de nuevas restricciones. Sus argumentos se basan en las importantes contribuciones fiscales al presupuesto y la creación de puestos de trabajo, lo que a menudo lleva a los funcionarios a hacer concesiones.

El argumento fiscal es real pero engañoso. Otros países que han abordado el problema con anterioridad han llegado a conclusiones muy diferentes cuando calculan el coste social total. En España, se ingresa por impuestos sobre el juego y las apuestas unos 1.600 millones de euros, pero el coste social del juego se estima en casi 17.000 millones de euros. La diferencia es una deuda neta que la sociedad paga en hospitales, centros de rehabilitación, intervenciones policiales, procesos judiciales y, en los casos más extremos, en vidas perdidas.

España no ha realizado un cálculo equivalente. Nadie sabe realmente cuánto nos cuesta a todos, como sociedad, este negocio. Y mientras esa cifra no exista, siempre será más fácil mirar hacia otro lado.

Menores, mujeres y los más vulnerables: los que pagan el precio más alto

Las mujeres son más propensas a participar en juegos de azar como las máquinas tragamonedas, el bingo y las loterías, mientras que los hombres dominan las apuestas deportivas. Para muchas mujeres, el juego funciona principalmente como un escape de la angustia emocional, la soledad, la violencia de género, el dolor o la sobrecarga de responsabilidades de cuidado. Es, en muchos casos, una adicción que nace del sufrimiento previo.

El auge del juego online, las apuestas deportivas y la publicidad dirigida a menores han generado un entorno de alto riesgo. Los adolescentes acceden fácilmente a plataformas de juego desde sus teléfonos móviles, muchas veces sin supervisión adulta.

Y los sistemas de control son, en la mejor de las hypotheses, insuficientes. Verificar la edad real de un usuario online es un problema tecnológico que España no ha resuelto. La responsabilidad recae en el menor, en sus padres, o en nadie.

¿Hay soluciones? Lo que España está haciendo y lo que no hace

No todo es desolación. Hay movimientos en la dirección correcta, aunque los expertos coinciden en que son demasiados tardíos y demasiados débiles.

La DGOJ implementó en 2025 cambios sustanciales en la regulación del juego online, obligando a los operadores a mostrar carteles informativos sobre los riesgos de la ludopatía y las pérdidas económicas, en un formato similar al de las advertencias en las cajetillas de tabaco.

Una propuesta presentada en el Congreso de los Diputados por el Partido Popular reclama medidas más estrictas en prevención, tratamiento y rehabilitación, y propone reformar el sistema de autoexclusión, extendiendo el periodo mínimo de exclusión de seis meses a un año.

En Cataluña se están desarrollando programas educativos que abordan directamente el juego patológico en adolescentes. Además, se propone regular la apertura de casas de apuestas cerca de centros escolares, medida que también ha sido considerada en Madrid.

Sin embargo, en España hay una falta catastrófica de psicólogos cualificados y centros especializados para tratar la ludopatía. Este problema se siente especialmente fuera de las grandes ciudades. Los jugadores que necesitan apoyo urgente a menudo no pueden recibir ayuda a tiempo.

España tiene más de medio millón de personas atrapadas en la ludopatía. Tiene una industria que mueve miles de millones. Tiene datos que demuestran que el juego es la tercera causa de suicidio en el país. Y tiene un marco regulatorio que, a pesar de los intentos de mejora, sigue siendo insuficiente para frenar un fenómeno que crece cada año.

El problema no es solo tecnológico. No es solo económico. Es moral. Una sociedad que permite, con plena conciencia, que un negocio deba su rentabilidad en gran parte a las personas que ya no pueden dejar de jugar, es una sociedad que ha elegido, de manera colectiva, mirar hacia otro lado.

La pregunta que debería estar en el centro del debate no es si el juego online debe ser legal. Es esta: ¿a qué precio estamos permitiendo que lo sea?

Porque mientras esa pregunta no tenga una respuesta honesta, seguirá habiendo una persona más que no está esta mañana. Y nadie en esta historia habrá sido responsable.

Si tú o alguien cercano tiene problemas relacionados con el juego, la línea de atención del Centro de Estudios sobre el Juego Patológico ofrece ayuda gratuita y confidencial. También puede contactar con la Asociación para la Prevención y Ayuda al Ludópata (APAL) o con los servicios de salud mental de su comunidad autónoma.

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