Sala de vistas número 4. El aire es pesado, saturado por el zumbido de los ordenadores y el silencio expectante de quienes saben que su destino pende de un hilo invisible. Un hombre se juega una condena de diez años, una indemnización millonaria o, lo que es más desgarrador, la custodia de sus hijos. La acusación dispara con frialdad: “Usted estuvo en la escena del crimen a las 23:42”. La defensa responde con el escudo de nuestra era: “Imposible, mi móvil demuestra que estaba en casa, a cinco kilómetros de allí”.
Es entonces cuando el Juez se gira hacia mí. Como Perito experto en Geolocalización Forense, mi respuesta no puede ser una opinión; debe ser una verdad matemática.
— ¿Puede asegurar, señor Bahamontes, sin margen de duda razonable, que el procesado estaba exactamente en ese salón y no en el portal de al lado, o quizá en un coche en marcha a doscientos metros de distancia?
Aquí es donde la ficción de Hollywood muere y nace la cruda ciencia forense.
El mito del «punto rojo» y la realidad del sector circular
El imaginario popular nos ha vendido una mentira peligrosa: un mapa oscuro, un punto rojo parpadeando con precisión láser y un investigador gritando «¡lo tenemos!». En la vida real, geolocalizar por antenas BTS (Base Transceiver Station) no es clavar una chincheta; es dibujar una porción de pizza en un plano.
Lo que realmente extraemos de la red es:
- Radio de cobertura: En una selva de asfalto como Madrid, el área puede ser de 150 a 500 metros. En la estepa castellana, una antena puede dar servicio a un radio de varios kilómetros.
- Sectores de 120 grados: Las antenas suelen estar divididas en tres sectores. Sabemos en qué «rebanada» estaba el terminal, pero no si estaba cerca de la torre o en el borde exterior del sector.
- El salto de celda: Tu móvil es un buscador incansable. Si una antena se satura, el terminal «salta» a otra más lejana, aunque estés sentado en el mismo sofá. Esto crea «falsos movimientos» que solo un análisis experto puede identificar como ruido técnico.
Caso 842-B: Cuando los datos confiesan lo que la boca calla
Para ilustrar cómo diseccionamos la ubicación de una persona, imaginemos un caso real (datos anonimizados por secreto profesional). El sospechoso afirma que durmió en su domicilio en la zona de Chamberí. Su CDR (Call Detail Records) o «sábana de llamadas» es la primera pieza del puzle.
Nivel 1: El registro de celdas (El área)
A las 02:15, su móvil recibe un paquete de datos de WhatsApp. La antena BTS CH-42-B registra la conexión en su sector Norte. Este sector cubre su casa, pero también tres bloques de oficinas y una gasolinera.
Conclusión inicial: Estaba en la zona, pero no necesariamente en su cama.
Nivel 2: La sincronización 5G (El callejón)
Al ser un terminal moderno, el análisis de los registros de tiempo de la red LTE/NR (5G) nos permite medir el retardo de la señal. Esta tecnología reduce el margen de error a unos 155 metros. Ya no está en «la zona»; ahora sabemos que estaba en la mitad este de la calle.
Nivel 3: El «Eco» del Wi-Fi (La habitación)
Aquí entra la magia forense. Al extraer el sistema de archivos del teléfono bajo protocolos de cadena de custodia (ISO/IEC 27037), encontramos registros de la tecnología Wi-Fi RTT/FTM. El dispositivo detectó tres routers cercanos sin conectarse a ellos. Como perito, realizo una triangulación manual de esos BSSID (identificadores de router). El resultado es inapelable: el móvil estaba a menos de tres metros de una pared compartida con la gasolinera vecina. El sospechoso no estaba en su cama; estaba en la parte trasera del establecimiento.
Nivel 4: La firma de Galileo (La precisión de 20 cm)
Si el terminal hubiera registrado una coordenada GPS/Galileo en ese instante, el sistema europeo Galileo HAS (High Accuracy Service) nos habría dado una precisión de apenas 20 centímetros. En 2026, esta tecnología permite distinguir si el teléfono estaba en el bolsillo izquierdo o en el derecho del pantalón.
Los tres pilares de la verdad forense
Un peritaje serio extrae certezas de lo que parece caos:
- Cronología Inapelable: La red no tiene memoria selectiva. Cada conexión tiene un sellado de tiempo que sitúa al investigado en una «ventana de oportunidad» crítica.
- Vectores de Movimiento: Si el terminal salta de una antena en el Paseo de la Castellana a otra en Plaza de Castilla en tres minutos, calculamos velocidades. Si la velocidad resultante es de 120 km/h en zona urbana, el sujeto iba en vehículo, no caminando.
- El Valor de la Ausencia: Si un terminal no registra actividad en las celdas de un municipio durante un crimen, y de repente aparece a 50 km diez minutos después, la física desmonta la coartada.
La evidencia digital es frágil como el cristal. Un informe basado en «pantallazos» o en una guía generada por IA es papel mojado ante una impugnación. La autenticidad la garantiza el perito informático que custodia el dato desde su extracción hasta su ratificación en estrado.
Sin un protocolo que asegure que el archivo no ha sido manipulado (la huella digital o hash), el mejor mapa del mundo se convierte en una simple opinión.
El traductor del silencio digital
Al final del día, la geolocalización no va de tecnología, sino de responsabilidad humana. Cuando tu libertad o tu patrimonio dependen de unos bits que viajan entre satélites y servidores, la pregunta no es «¿dónde está el punto rojo?».
La pregunta es: ¿Quién quieres que traduzca ese lenguaje invisible ante un juez? Ahí es donde el rigor técnico y la ética pericial marcan la diferencia entre una historia bien contada y una verdad científicamente demostrada. Porque en la era de los datos, el silencio de tu móvil siempre tiene algo que decir.



