BlaBlaCar nació como una idea fantástica: compartir gastos de viaje, conectar personas y de paso ser más sostenibles. En teoría, suena a la fórmula mágica del transporte colaborativo. Pero en la práctica… no todo es tan “smooth” como la autopista de tus sueños. Detrás de esa app verde-azulada hay una serie de fails, estafas y hasta experiencias bastante oscuras que merecen ponerse bajo la lupa. Y ojo: aquí no se trata de demonizar la plataforma, sino de explicar riesgos reales, con ejemplos y una guía para que no acabes protagonizando un hilo de Twitter viral por la peor razón.
Principales fails en BlaBlaCar
Cancelaciones de última hora (modo “¿Qué pasa aquí?”): Uno de los dolores de cabeza más frecuentes: reservas que se esfuman como mensajes de Snapchat. Usuarios en España reportan que algunos conductores cancelan viajes en el último minuto, dejando a pasajeros colgados con maletas en mano. A veces incluso cambian el punto de recogida de forma repentina, lo que genera esa ansiedad digna de tren que se va justo cuando llegas al andén.
Estafas y perfiles sospechosos: Aquí entra lo más delicado: los ciber‑trileros que se esconden detrás de la app. Y la cosa se pone fea:
- El truco del link falso: publican viajes a precio ganga. Aceptas, luego te cancelan y al reclamar te dicen “fue un fallo, reserva en este link” (que es fake). Resultado: estafa. Muchos números asociados vienen de Marruecos o Francia.
- El viaje por 1 euro: te aceptan el viaje y, con tus datos, te escriben desde otro número diciendo que lo aseguras con 1 €. En realidad, buscan que ingreses tus datos bancarios para vaciarte la cuenta. Plot twist: ya no es un viaje barato, es un viaje al desastre financiero.
La propia BlaBlaCar advierte que solo se pague dentro de la app, pero el problema es que no cuentan con un equipo sólido de ciberseguridad que persiga a estos timadores. Las alertas existen, pero la reacción suele ser lenta.
Problemas técnicos y fallos de la app: El típico bug que aparece en el peor momento: al confirmar viajes, la web o la app colapsan. Usuarios han reportado problemas en rutas como Madrid–Albacete. Resultado: viajes cancelados, reembolsos frustrantes y usuarios perdiendo confianza. La recomendación oficial: reinstala la app, limpia datos, desactiva VPN. Sí, suena más a consejo de técnico de WiFi que a protocolo serio de una empresa global.
Cuentas bloqueadas y comunicación fallida: Otro clásico: cuentas bloqueadas sin explicación clara y un soporte que brilla por su ausencia. Incluso se reportan mensajes que desaparecen de la app, dificultando la coordinación entre conductor y pasajero. A veces parece más fácil hablar con tu ex que con el servicio de atención de BlaBlaCar.
Comisiones que duelen (bolsillo y ánimo): Cuando BlaBlaCar migró al modelo de reservas pagadas, subió el precio de jugar. Ahora las comisiones oscilan entre el 10 % y 20 %, y según algunas fuentes, hasta un 30 %. Lo que era compartir gastos ahora se percibe como “llenar los bolsillos de la plataforma”.
Críticas al modelo ecológico: Se vendieron como héroes del planeta, pero muchos usuarios señalan greenwashing: alianzas con energéticas, diseño monopolístico y un enfoque más corporativo que comunitario. De plataforma colaborativa a imperio de las cuatro ruedas.
Retiro de ayudas públicas: El Consejo de Estado francés anuló subvenciones al carpooling de larga distancia, afectando directamente a BlaBlaCar. Menos ayudas, más dependencia de comisiones… y adivina quién paga la factura: tú.
El lado oscuro: acoso y amenazas en los viajes
Más allá de lo técnico y económico, lo que de verdad asusta son los relatos de acoso sufridos por mujeres. Y sí, hay casos documentados:
- Comentarios sexuales: una usuaria relató que un conductor le dijo “vais vestidas para que os violen”. Otro le puso la mano en el muslo. No hace falta explicar lo indignante que es.
- Amenazas de secuestro: @AitanaFillol denunció en redes que, en un viaje supuestamente solo para ella, aparecieron tres hombres. Durante el trayecto, bromearon con “raptarla” y uno hizo comentarios intimidantes. El conductor fue suspendido, pero el daño ya estaba hecho.
Estos casos evidencian la falta de protocolos sólidos: sí, hay expulsión temporal, contacto con la víctima, y opción de “Solo mujeres”, pero no hay un sistema claro de asistencia inmediata, ni acompañamiento legal ni psicológico.
Comparativa: Uber vs. BlaBlaCar
- Uber: se toma más en serio el tema con herramientas como PIN de seguridad, compartir viaje en tiempo real, grabación de audio cifrada, opción de elegir conductoras y campañas de concienciación. Transparencia total con estadísticas de incidentes.
- BlaBlaCar: se limita a valoraciones, expulsiones y el filtro de “Solo mujeres”. Básico, útil, pero insuficiente. A nivel de protocolos, es como comparar un smartphone 2025 con un Nokia 3310.
Guía de supervivencia: cómo no caer en estafas ni en cosas peores
- Regla de oro: paga solo dentro de la app: Ni Bizum, ni links externos, ni transferencias mágicas. Todo lo que salga de la app es territorio de estafa.
- Verifica siempre perfiles y matrículas: Comprueba que foto, nombre, matrícula y coche coincidan. Si algo huele raro, cancela. Mejor perder un viaje que perder la paz mental.
- No compartas más datos de los necesarios: Ni tu número de cuenta, ni ubicación en tiempo real fuera de la app. Y ojo con dar tu WhatsApp a la primera.
- Viajes “too good to be true”: Si ves un viaje ridículamente barato, desconfía. El timo del unicornio low‑cost está a la orden del día.
- Seguridad en el coche:
- Si eres mujer, valora usar la opción “Solo mujeres”.
- Dile a alguien de confianza tu ruta y compártela en vivo.
- Si algo te incomoda, pide parar en un lugar seguro. Tu instinto es tu mejor GPS.
- Documenta y denuncia: Guarda capturas, mensajes, números. Si ocurre un fraude o acoso, denuncia en la app y en la policía. La prevención es clave, pero la denuncia ayuda a que no se repita.
BlaBlaCar es una herramienta útil y práctica que ha transformado la movilidad. Pero su talón de Aquiles es evidente: estafas fáciles de montar, protocolos de seguridad blandos y un enfoque corporativo que prioriza comisiones sobre usuarios. Los casos de acoso son alarmas rojas que evidencian la necesidad de medidas serias, no parches.
En contraste, Uber y otras apps avanzan con seguridad activa: verificación, grabación, acompañamiento y transparencia. BlaBlaCar sigue confiando demasiado en la comunidad, sin asumir que no todos los usuarios juegan limpio.
La moraleja es simple: viaja, ahorra, comparte… pero no bajes la guardia. Porque BlaBlaCar puede ser tan chill como un domingo sin tráfico, o tan caótico como un lunes en la M‑30. Y cuando la oferta suene a ganga, recuerda: si parece un unicornio, probablemente sea un caballo disfrazado de estafa.
Así que ya sabes: BlaBlaCar puede ser tu billete a una experiencia social cool o el escenario de un fail viral. La clave está en viajar con ojo clínico, radar de scams encendido y cero miedos a decir “no” cuando algo no cuadra.